I SHOT PEACE/PIS


ESP

I shot peace (pis) es un texto con el cual participamos a las Jornadas transfeministas, CSO Can Vies, Barcelona el 17 y 18 de abril de 2010.

Cansadas de la jerarquía teórica academica que nos rodea cotidianamente dentro y fuera de nuestro entorno y que encontramos también en algunos movimientos activistas nos propusimos distorsionar las costumbres a través de otro canal que se desvinculara de la teoría.
Empezamos a experimentar con el cuerpo el desequilibrio que tenemos cuando se cruzan los límites de las estructuras.
Por ésto vamos a hablar de la fiesta.
Los primeros planteamientos queer y del “saber situado” e insinuado en los cuerpos a partir de un proceso activista reivindicaban una revolución armada de lenguaje, droga, música y sexo.
Desde Stonewall hasta los primeros movimientos queer estadunidense y anglosajones se practicó a menudo una micropolítica que se oponía al modelo tradicional de la política como guerra, proponiendo un nuevo modelo de política como relación, como fiesta, como comunicación, como autoexperimentación y como placer, modelo todavía vigente .

Creemos que, después de la primera fase queer de apoderamiento de un discurso fundado en el desafío, en la realidad violenta, precaria, y urbana el poder economico supo absorbir la potencia de estos movimientos reduciendolos a otra oferta comercial.
Se hace evidente ahora la necesidad de repensar las prácticas de lucha de las minorías sexuales dentro un contexto post-colonialista, capitalista, codificado, occidental y nómada actual, con la conciencia de como urge repensar nuevos posicionamentos, flexibles y tal vez contradicctorios, para enfrentarse a los cambios politico-sociales en acto.
Ya no es suficiente la fiesta como estrategia política sino que consideramos la fiesta como un campo de batalla. Comparamos la fiesta con la guerra, más bien nos sentimos en guerra en cada momento.
Por lo tanto, nos preguntamos: ¿Cuáles son las estrategias a utilizar contra un planteamiento abolicionista de la fiesta?
Siempre se ha pensado en la “fiesta” como medio de evasión de los verdaderos problemas.
Siempre se ha vivido la fiesta como la diversión de lo cotidiano, algo frívolo que hay que relegar a un tiempo libre, de ocio y a un sitio en concreto que no se mezcle con el fluir del tiempo de producción. Un espacio entre paréntesis que paradójicamente tiene gran importancia como momento de desahogo y descanso para mejorar los tiempos de productividad y rendimiento.
Cuando éstos estos dos espacios se solapan y el tiempo de la “fiesta” se dilata, entra el sentimiento de culpa, cargado de moralismo, renegando de la fiesta y como consecuencia, dentro de la lógica del perdón, aumenta la eficacia laboral como el sistema nos manda.
La lógica del “producir” que nos normativiza es sencilla:
“Produce a un tempo x, descansa y descarga momentáneamente, siéntete culpable por un tiempo y, vuelve a producir en la mitad de tiempo para recuperar el tiempo perdido”.
Ésto es lo que nos pide el bio-poder.
Y en esta culpabilidad entra la necesidad de desintoxicarse… ¿Pero, de qué? ¡Cada día nos intoxicamos de “normalidad”!
¿Acaso, cuándo se nos cruza el cable no notamos un residuo de moralidad? ¿Es que no hay todavía un residuo de ganas de ser aceptado en esta sociedad?
¿Puede ser que la fiesta con su carga de ruptura temporal sea una bomba que nos muestra cuánto somos hijos de éste sistema?
Ahora, ¿cuáles son las batallas que queremos afrontar?
- Contra el control del deseo y de las relaciones: la monogamia.
- Contra el control del tiempo: ocupado - libre / producción - descanso.
- Contra el monopolio de la organización de las fiestas: pink economy o más bien economización de las luchas.
- Contra la instrumentalización estatal y de estatus de las drogas, como algunas tipo de drogas han sido ejemplo y instrumentos de desactivación contropoliticas y creativas.
- Contra la fiesta vivida como momento efímero, olvidable y sustituible … ¡todxs hemos sido un polvo de repuesto!
- Contra la moderación: ¡¡¡si tengo que palmarla pues reviento yo!!!
Reivindicamos y proponemos:
Primero: tomar conciencia de que la fiesta es una guerra donde entramos en conocimiento y conflicto con nosotrxs mismxs, con lxs demás y con todas las reglas de comportamiento e interrelación. Es Donde se enfrentan los miedos, donde se viven las violencias y los ataques que la buena educación occidental capitalista ha creado a partir de una codificación total de los deseos.

Segundo: crear otros espacios donde la palabra no tenga el monopolio, donde se borren las fronteras del los discursos dialécticos.

Tercero: la necesidad de la fiesta como espacio de ruptura del concepto monogámico de propiedad privada y de posesión.
Las prácticas promiscuas como superación de los mecanismos relacionales de celos capitalistas.

Cuarto: vivir la fiesta como una batalla donde la orgía es un acto político armado y sus municiones son los dildos granadas, los butt plugs balas, los dildos dobles porras. La utilización de símbolos de guerra para activar la deconstrucción de la idea de cama heteronormativa capitalista y la necesidad urgente de pervertirla y destruirla.

Las estrategias que proponemos son un plan de ataque armado de:
Proceso continuo dentro y fuera de la fiesta (te espero fuera….)
Si el poder estatal utiliza las drogas en la guerra como forma de empoderamiento de los soldados y por otro lado la ilegaliza, nosotros la utilizamos para nuestra propia guerra que prevé el choque de los cuerpos en la promiscuidad de las fiestas.
Mientras el soldado toma droga para enfrentarse al peligro de la muerte, nosotras, nos drogamos conscientemente para arriesgarnos más a vivir nuestros propios miedos e inhibiciones en las relaciones.
Follar en las fiestas es experimentar la sexualidad colectivamente, de manera pública y cómplice; compartiendo flujos, olores y ocupando el espacio con una sexualidad que subvierta los esquemas de lo cotidiano heterormativo que explota la sobre exposicion de la sexualidad de una forma consumista y relega las relaciones emocionales en la jaula de la intimidad.
Significa utilizar otros sentidos distorsionando los lenguajes de la visión y de la palabra, dando cabida a lo que es cuerpo en estado bruto con sus carnes y sus químicas.
Promiscuidad como condición de posibilidad de un deseo que supera el concepto monogámico de propiedad privada y de posesión.
Las prácticas promiscuas como reconocimiento de tu esencia putón y de tu propia multitudes deseantes.
Autonomía y autogestión de la fiesta, siendo imprescindible facilitar el acceso, económicamente hablando.
Advertencia: “Riesgo de muerte”, el peligro como forma de conciencia de la obscenidad de la fiesta.
Dejar fluir el deseo en su forma más instintiva e impulsiva sin reprimirlo ni encajarlo en falsas estrategias de sublimación consolidadas y consoladoras. Vamos seduciendo e importunando la decencia, lo conveniente y lo oportuno.
En fin, apropiarse de la simbología del conflicto para apoderarse de un sentir común que nos sitúe en la realidad de lo cotidiano.
La violencia de estado empieza en las camas, en las esquinas, entre bites. Creemos que sea necesario reconocer el conflicto, ubicarse dentro del conflicto y armarse.
Necesitamos planes de ataque, crear nuevos espacios donde la incertidumbre cree nuevas dinámicas corporales y héticas donde los cuerpos busquen otras formas de conocimiento y otros lenguajes, hasta que los miedos se conviertan en morbos.